Dos historias me llamaron la atención este fin de semana.
La primera fue sobre la película "Ocean", estrenada hace unos días, narrada por David Attenborough. Attenborough, con 99 años, sigue ofreciendo una visión fascinante de las amenazas y oportunidades que enfrentan el planeta.
En uno de los tráilerstráileres de la película, Attenborough describe el daño que causan los barcos que arrastran enormes redes por el fondo del océano en busca de peces. Dice que hasta tres cuartas partes de la captura pueden simplemente desecharse y que este tipo de pesca de arrastre es uno de los métodos más derrochadores que existen.
De niño en Skye, recuerdo que los buzos describían el fondo marino como un "desierto" después de que los barcos de arrastre pescaran ilegalmente cerca de la costa en busca de peces y ganancias rápidas.
La segunda historia fue sobre la reintroducción de la pesca comercial por el presidente Trump en un monumento marino nacional. El área mide casi 5.000 millas cuadradas y se encuentra cerca de la costa de Massachusetts. Los ambientalistas argumentan que las acciones de Trump ponen en riesgo un importante entorno marino y son ilegales.
Es muy triste ver cómo la avaricia a corto plazo continúa causando daños a largo plazo a los océanos y al planeta.
